Ya me había rechazado una cita antes, ahora estaba en frente de él y se hacia el tonto, viendo por la ventana, hablando de cosas que no entendía yo con claridad. La verdad es que yo no entiendo muchas cosas de las que el habla, simplemente lo escucho y lo veo con admiración. Vino, química, teología, sus temas de conversación favoritos. Cabe destacar que la música que el escuchaba también era muy diferente que la mía, extrañamente me gustaban sus gustos, no tanto para dejar los míos de lado , el rock, el pop, música con letra con sentido, y un sonido de guitarra y batería, era lo que mas me apasionaba. Lo veía desde mi puesto, en frente de él, mientras parloteaba, no es que se me hiciera aburrida su charla, simplemente me gustaría ser un poco mas participe, pero creo que lo único que nos unía, era que yo escuchaba con admiración y concentración a casi todo lo que el decía.
Me gustaba, algo raro, se me hacia algo presuntuoso, un sabelotodo, de esos que en la secundaria me caían tan mal que no los podía ni ver en pintura. Si, era extraño que me gustara. Mas bien lo admiraba. En eso me volví a fijar en sus largas pestañas, era algo hermoso, en si no sé si decir si era poético, había escuchado esa frase de alguna persona con voz grabe, un hombre describiendo a su amada. Solo ver el como parpadeaba, me hacia sentir como si viera algo hermoso, como cuando se abre una flor, una ventana a un día soleado, si, así eran sus pestañas, como telones que abrían paso a una escenificasión de tiempos remotos. Sus ojos, creo que lo mas hermoso que tenia el, si lo se me escucho algo cruel, pero era lo único que se me hacia mas lindo que cualquier cosa de su cuerpo, su físico no era impresionante, era fornido pero a la vez escuálido, no se como es posible que eso sea, solo se que es mas delgado que yo pero mas fuerte.
Sus manos también era algo que me mantenían la vista entretenida por varios minutos, eran simplemente fuertes, me daban ganas de que él me tomara la mano con la suya, con solo su roce me hacia sentir una corriente eléctrica pasar desde donde empezaba la columna hasta subir por toda la espalda. El pobre era muy inteligente, pero nada perspicuas, si lo fuera, se daría cuenta lo mucho que influía en mi.
Me gustaba desde hacia ya tiempo, mas sin embargo era tan cobarde para decírselo. Estábamos ahí esperando a una amiga mutua. El café estaba tibio, tome un sorbo, escuche como se abría la puerta del establecimiento a tan solo dos mesas mas allá de la nuestra, que lindo se escuchaba "nuestra", alce la mirada, desde el reflejo del espejo se veía como Dulcinea caminaba hacia nosotros, me voltee a verla, siempre tan linda, con esa sonrisa en los labios y esa luz en sus ojos. Mi amistad hacia ella era sincera. Y de repente... un beso. Ella lo había besado, me quede impresionada, pasmada, espero que mi rostro no haya dejado entre ver lo conmocionada que estaba, baje la vista, buscando un punto en donde dejar el tifon de emisiones, levante la mirada, y los mire con sorpresa y una sonrisa.
-¿ustedes salen?
-si desde hace un mes -me contesto feliz ella
-wow, sinceramente no me lo esperaba. -y era verdad, no me lo esperaba en absoluto.
Pedí otro café, me lo tome a sorbos, mientras escuchaba como habian empezado a salir, por mas azúcar que le echaba se me hacia agrio, por mas caliente que estaba, no me calentaba en lo mínimo. Me sentía destrozada. ¿Pero por que?, era mi culpa, jamas había dado a conocer mis sentimientos. Suspire.
-¿que tienes? -me pregunto él.
-no, nada, simplemente se me hizo muy linda su relación - por dentro estaba... adolorida, mas sin embargo si era así, me gustaba que ambos tuvieran a una persona especial a su lado.
Tomamos otras dos tazas de café cada uno. Nos levantamos de la mesa, después de pagar la cuenta con su respectiva propina. Me sentía mal tercio, veía como él la abrazaba a ella, así mismo como me hubiera gustado que me abrazara a mi, le susurraba al oído, así mismo como me hubiera gustado que lo hiciera conmigo, sus ojos brillaban, si antes sus pestañas se me hacían fascinante acababan de llegar a ser astronomicamente maravilloso, que grandiso es el amor, que amargura la mía. En ese momento me di cuenta, estaba celosa. Me despedí de ellos lo antes posible, alegando de que se me había olvidado hacer algo urgente, antes de salir me voltee, eran una pareja tan linda, salí caminando aunque queria correr, despues de dejar el café fuera de mi vista, salte a correr, tome el primer taxi que vi, llore por todo el transcurso del viaje.
Que amargo era ese café.
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